Casi 400 sismos se han registrado en los últimos tres días en Chaparral, Tolima, cuna de expresidentes de la República. Al menos diez han tenido una magnitud igual o superior a 4,0. El Huila, departamento vecino, ha sentido los sacudones. Los episodios han revivido el temor que dejó el terremoto del pasado 10 de agosto. “La gente no duerme”, confesó el párroco de la iglesia San Juan Bautista de ese municipio, quien, además, agregó: “Esto no es castigo de Dios porque Dios no castiga. Dios ama”.
Johan Eduardo Rojas López
johan.rojas@lanacion.com.co
El Huila, Valle del Cauca, Risaralda y Cauca han sido testigos de los casi 400 eventos sísmicos de magnitud superior a 2,0 que se han registrado en Chaparral, Tolima, entre el domingo y ayer martes. Incluso, diez de ellos fueron iguales o mayores a 4,0, según cifras entregadas por la Alcaldía Municipal, con corte a las 8:30 de ayer 22 de septiembre.
“(…) Las profundidades de estos eventos son superficiales, es decir, menores a 30 kilómetros de profundidad. De igual manera, hemos recibido más de mil reportes de sentidos de todos estos eventos sísmicos. Es importante recordarle a la comunidad que el departamento del Tolima es atravesado por diferentes fallas geológicas activas, que pueden causar este tipo de actividad sísmica. La sismicidad que hemos registrado está por encima del promedio de la registrada en las últimas semanas, por eso, desde la Red Sismológica Nacional de Colombia seguiremos haciendo el monitoreo y avisaremos oportunamente ante cualquier evolución de esta sismicidad”, señaló Freddy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional de Colombia (RSNC) del Servicio Geológico Colombiano (SGC), quien aprovechó para invitar a la comunidad a seguir las fuentes oficiales de información y las indicaciones de las autoridades locales.
Medidas en Chaparral
La Alcaldía de Chaparral declaró alerta naranja e indicó que se mantiene la suspensión de la atención presencial para salvaguardar la vida de todos. En ese sentido, los servidores y contratistas seguirán laborando bajo la modalidad de trabajo virtual o en campo, si es del caso.
“Chaparral está experimentando una seguidilla de sismos que mantiene en alerta a la población. Entendemos la angustia que genera esta situación inédita para nuestro municipio. Esto no significa que se va a venir un terremoto, pero tenemos que estar alertas a cualquier situación que se pueda presentar”, manifestó a su turno el burgomaestre, Helver González Mora.
Según el mandatario, el “enjambre sísmico” arrancó la madrugada del domingo 20 de septiembre y, desde entonces, no ha parado.
El Huila lo sintió
En diálogo con LA NACIÓN, Jorge Leonardo Chaparro, geólogo adscrito a la Oficina para la Gestión del Riesgo de Desastres del Huila, explicó que la actividad está relacionada con la presencia de sistemas de fallas geológicas activas en la zona.
Dijo, bajo esa lógica, que una falla activa puede producir rupturas en profundidad y, cuando esto ocurre, se libera energía que se propaga a través de la corteza terrestre y puede ser percibida en la superficie.
“Son zonas que son muy activas, liberan energía constantemente, y no necesariamente quiere decir que vaya a pasar algo grave. Ni el Servicio Geológico ni nosotros sabemos si se va a presentar un sismo de mayor magnitud, por eso hay que estar monitoreando”, apuntó el experto en la materia.
En el Huila, entre tanto, algunas personas han manifestado sentir algunos de los temblores con epicentro en Chaparral.
“Para el caso del Huila no tenemos ningún tipo de reporte ni ninguna afectación o daño”, subrayó el geólogo.

Una amenaza que el Huila conoce
Sin embargo, lo ocurrido en Chaparral, Tolima, cuna de expresidentes de la República, también puso nuevamente la mirada sobre la condición sísmica del Huila: el departamento está atravesado por diferentes sistemas de fallas geológicas activas.
“Gran parte del territorio huilense se encuentra en una condición de amenaza alta ante los sismos”, explicó Chaparro. Y el Huila ya conoce las consecuencias que puede tener un movimiento de gran magnitud. El experto recordó el terremoto de 1827, que produjo efectos devastadores en el departamento, y el de 1967, cuyo epicentro estuvo cerca de Neiva y también dejó importantes daños.
Un déjà vu angustiante
El susto no es para menos, pues la nueva actividad sísmica se presenta poco más de un mes después del terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto en Colombia. Aquel movimiento telúrico tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, una zona marginada y olvidada del Pacífico.
De acuerdo con el balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, con corte al 9 de septiembre, el terremoto habría dejado 331 personas fallecidas, 4.505 heridas y 111 desaparecidas. Además, 466.709 personas resultaron afectadas, pertenecientes a 296.738 familias.
Pero eso no es todo. La emergencia, que alcanzó 16 departamentos y 498 municipios, dejó 36.326 viviendas destruidas y 202.002 averiadas, además de 6.005 inmuebles afectados y 743 colapsados. Salieron damnificados, entre otros, centros de salud, instituciones educativas, vías, puentes y acueductos.
Revivió el temor
Jesbaan Rodríguez, párroco de la iglesia San Juan Bautista de Chaparral, habló con LA NACIÓN y narró la angustia que han experimentado por cuenta de la sismicidad. Contó, igualmente, que la situación ha sido difícil para los habitantes debido a que el terremoto del 10 de agosto todavía permanece en sus memorias.
“Ha sido una situación bastante difícil, de miedo, más aún cuando Chaparral tiene una historia bastante compleja. No quiero alarmar ni ser ave de mal agüero, pero dicen los antiguos que hace 300 años este municipio sufrió una tragedia debido a un terremoto”, anotó.
El líder religioso también se refirió a los reportes que recibe desde el sector de San José de las Hermosas. Según indicó, habitantes de ese centro poblado le han comunicado que los movimientos se han presentado con bastante frecuencia.
“Allí está temblando desde el domingo cada cinco minutos. La gente no duerme. Por eso, que sea la oportunidad para pedir oración a todas las personas que nos leen. Solo Dios nos puede ayudar en estos momentos. Pero también llamar a la conversión. Necesitamos cambiar, mejorar, llenarnos de Dios. Quizás estamos descarriados”, declaró el sacerdote, no sin antes agregar: “Esto no es castigo de Dios porque Dios no castiga absolutamente a ninguno. Dios ama. Entonces esto no es castigo de Dios. Nosotros hemos dañado la naturaleza y quizá la naturaleza nos está pasando una cuenta de cobro”.
La iglesia aún se recupera de la tragedia
El templo de Chaparral tiene pendientes algunas reparaciones por los daños que sufrió durante el terremoto del 10 de agosto.
“No hay ninguna situación que lamentar en esta oportunidad (…) El terremoto de agosto, en la parte interna del templo, causó algunas averías que no son de suma importancia ni tan dañinas para la comunidad. Lo que sí afectó fue la parte de la perfilería de la torre. También se produjo la caída de un elemento de la linterna de la cúpula”, confesó.
Por ahora, siguen recolectando recursos para poder solventar los daños y reconstruir el templo divino.
Tomado de la Nación.
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