Tres exministros de comercio explican lo que significaría en el país y en el mundo el aumento de las tarifas comerciales por parte del Gobierno de Estados Unidos. Lo que viene podría ser “desastroso”.
Este miércoles es uno de los días más esperados por los mercados y los economistas en el mundo entero. Donald Trump hará público sus aranceles globales que prometen no dejar ningún rincón del mundo sin ser golpeado. El presidente republicano le llama a esta fecha el “Día de la Liberación” para Estados Unidos. Su tesis es la que ha manejado desde la campaña: existe una relación de desbalance entre su país y el mundo y él es el llamado a recomponerla.
El diario The New York Times explica lo que pasará a las 4 de la tarde hora de Washington. Trump “detallará posibles gravámenes punitivos para países de todo el mundo, incluidos los principales socios comerciales de Estados Unidos. El presidente lleva meses prometiendo imponer lo que él llama aranceles “recíprocos”, que, según él, corregirán años de comercio “injusto” en el que otros países han estado “estafando” a Estados Unidos”.

La agencia AFP asegura que estos nuevos aranceles “tienen el poder de hacer explotar la madre de todas las batallas comerciales. Trump siente fascinación por el proteccionismo de finales del siglo XIX y principios del XX en Estados Unidos y ve los gravámenes casi como una varita mágica capaz de reindustrializar el país, requilibrar la balanza comercial y eliminar el déficit fiscal”.
Sobre lo que suceda este miércoles no habrá transición. Las tarifas “se harán efectivas inmediatamente”, contó la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
“Europa no inició la confrontación arancelaria. Los aranceles son impuestos que paga la gente. Pero Europa tiene todo para proteger a nuestra gente y nuestra prosperidad. Siempre promoveremos y defenderemos nuestros intereses y valores. Y siempre defenderemos a Europa”, agregó en un mensaje que compartió en X.
Canadá y México también están en máxima alerta. “La presidenta Claudia Sheinbaunm conversó vía telefónica con el primer ministro de Canadá, Mark J Carney. Acordaron mantener el diálogo y coincidieron en la importancia de la integración económica de Norteamérica, con respeto a las soberanías, como la mejor manera de competir con otras regiones del mundo”.
En Colombia, el presidente mira la situación con indiferencia. “Ni los aranceles de Trump nos afectan”, escribió el primer mandatario en un trino este martes. No tiene razón en esa tesis. El domingo 26 de enero, cuando las relaciones entre ambos países casi se quiebran y Trump anunció que impondría aranceles del 25% a Colombia y otras sanciones, quedó claro que una medida de esa índole sería devastadora para la economía colombiana.
El exministro José Manuel Restrepo explica lo que cree que puede pasar. “Va a ser un día complejo. Quizás no tanto como se anuncia. Creo que se imponen unos aranceles a China y a algunos sectores críticos para la campaña de Trump como los autos, el acero, el aluminio. Y quizás se hagan anuncios de que en otros países, sino se toman determinadas medidas, se impondrán otros”.
Luis Guillermo Plata, exministro de Comercio, explicó en una entrevista con SEMANA lo que significaría que los países comiencen a tomar represalías por las medidas que imponga el mandatario norteamericano, lo cual dejaría al planeta en el escenario de una guerra arancelaria.

“Sería un gran riesgo y tendría efectos desastrosos. Se puede iniciar una escalada de aumentos de aranceles en la que cada retaliación sea incremental. Eso podría llevar a un escenario absurdo de parálisis del comercio internacional. Eso acarrearía graves crisis económicas. Hoy en día, las cadenas de valor son integradas, lo que significa que incluso un producto made in USA tiene una parte muy importante de componentes y materias primas importadas. Un aumento de aranceles hace que ese mismo producto, que tiene componentes importados, sea más caro para el consumidor local y además pierda competitividad en los mercados externos. La fragmentación de la producción y la dependencia de la sincronización de las cadenas globales de valor hacen muy sensible la producción de muchos bienes a cualquier alteración. La experiencia de la Gran Depresión mostró que la guerra proteccionista agudizó los problemas de la crisis y demoró la salida de ella. Las características de la globalización reciente hacen que los daños puedan ser mucho mayores. En síntesis, sería un pierde-pierde, para ponerlo en términos de la teoría de juegos. Como toda guerra, el balance sería negativo y no habría ganadores, solo perdedores”, dijo.
María Claudia Lacouture, la presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana, y exministra de Comercio, ha explicado también los impactos que esto podría generar en la economía del país. “Hasta el 26 de enero, Colombia no estaba en el radar de restricciones comerciales de Estados Unidos. Sin embargo, la coyuntura reciente ha elevado su perfil en un contexto de tensiones ideológicas. Antes, su superávit comercial le permitía evitar revisiones más estrictas, pero ahora se ha convertido en un caso de referencia para demostrar la efectividad de la presión comercial de Estados Unidos”, dijo.

Además, detalló cómo algunas medidas impactarán de manera muy grave a ciertas industrias. “El incremento del arancel al aluminio del 10 % al 25 % impacta a más de 237 empresas colombianas, aumentando costos y reduciendo competitividad”, aseguró.
También hizo hincapié en que los aranceles recíprocos son un riesgo para el país. “Aunque inicialmente Colombia no era un objetivo, su reciente visibilidad y medidas que han elevado gravámenes o exigido nuevas certificaciones para importaciones agrícolas, de alimentos, automotrices y farmacéuticas desde Estados Unidos podrían generar represalias comerciales. Estos temas, junto con al menos 19 asuntos pendientes en la relación bilateral, reflejan la posibilidad de una revisión más estricta de los acuerdos comerciales. Ante este panorama, Colombia debe fortalecer su estrategia comercial y diplomática para minimizar riesgos y garantizar la estabilidad de sus exportaciones”.
Y finalmente, concluyó que en un contexto de guerra comercial, “no hay ganadores, solo perdedores. Cuando las cadenas de comercio se rompen abruptamente, los países que dependen de exportaciones hacia Estados Unidos pueden redirigir sus productos a otros mercados, generando mayor competencia, presionando precios y reconfigurando las rutas comerciales. Adicionalmente, las represalias comerciales con aranceles retaliatorios pueden afectar las cadenas de valor globales, impactando industrias en múltiples países”.
Tomado de la revista Semana.